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13/06/2019

Columnas y Opinión

POR BERNARDO STAMATEAS

El ciclo del miedo

Si bien el miedo es una emoción normal que todos experimentamos y nos ayuda a enfrentar los peligros, cuando se convierte en tóxico, cumple un ciclo alimentándose de sí mismo. Por eso, ser consciente de cómo funciona el miedo nos brinda los recursos que necesitamos para no dejarnos dominar por este.

La mayoría de los padres les dicen a sus hijos cuando son pequeños: “¡Tené cuidado!”. Casi ningún adulto le dice a un niño: “Arriesgate”. Pero sin importar la edad que tengamos, siempre podemos descubrir el origen de nuestros temores y trabajar interiormente para superarlos.

Te invito a considerar a continuación las cuatro fases del miedo:

  • Una imaginación exagerada

Por lo general, todos le damos rienda suelta al miedo en nuestra mente cuando, en una situación determinada, comenzamos a imaginar exageradamente lo que podría llegar a ocurrir. Es decir, que nos imaginamos lo peor. Entones se activan en nuestra cabeza voces que nos hablan e imágenes que vemos y nos auguran una catástrofe. Siempre que en una situación negativa imaginamos lo peor, entramos en el ciclo tóxico del miedo.

  • El miedo en todo su esplendor

Aquí el miedo ya ha sido disparado por la imaginación. Solo pensar exagerada y elaboradamente nos causa un temor que no deja de retroalimentarse. Como resultado, esta emoción activa una percepción negativa (y casi siempre irreal) de las circunstancias que comienzan a distorsionarse. En esta etapa incluso nuestro cuerpo “siente” miedo y hasta pueden aparecer síntomas como nervios descontrolados, sudoración, palpitaciones, etc.

  • Parálisis o aceleración

El miedo provoca dos posibles efectos en nosotros: nos paraliza o nos acelera. Nos paraliza bloqueando nuestras capacidades intelectuales e incluso físicas. Y nos acelera haciendo que nos movamos en la dirección contraria a la que deberíamos ir. El temor siempre nos conduce a huir hacia un sitio equivocado y a actuar tontamente, es decir, a hacer algo de lo que después podemos arrepentirnos.

  • El primer recuerdo

La emoción del miedo tóxico que nos paraliza o nos acelera queda grabada en nuestra mente y da lugar a lo que se denomina “primer recuerdo”. Entonces cuando uno se encuentra frente a una situación similar, ese primer recuerdo genera un efecto de parálisis o de aceleración. Tal como reza el dicho: “El que se quema con leche, cuando ve una vaca, llora”. Es así que muchas veces tenemos miedo de que nos vuelva a suceder algo negativo que vivimos en el pasado y, ante esa sensación, preferimos no accionar.

Sea cual sea nuestro miedo, todos tenemos el poder interior de ponerle fin a su ciclo dañino. Para ello, necesitamos escoger voluntariamente pensamientos sanos que nos permitan vivir de tal modo en el presente que podamos crear buenos recuerdos. Tal como pensamos, somos y terminamos actuando. Decidamos siempre pensarnos como seres humanos seguros y libres de todo temor.



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