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02/05/2019

Columnas y Opinión

POR BERNARDO STAMATEAS

Actitud frente a la enfermedad

Ante una enfermedad, muchas veces nos asustamos y nos desesperamos. Es lógico, pero es cuando más deberíamos practicar construir hacia adelante y disfrutar del regalo de la vida.

Todos alguna vez en la vida pasamos por la experiencia de tener un familiar o un amigo enfermo. Se trata de un tema delicado que no se debe tratar a la ligera pero quisiera comenzar compartiendo dos ideas prácticas de qué cosas no deberíamos hacer cuando acompañamos a un enfermo.

 

  • No deberíamos intentar explicar nada

Si el enfermo nos pregunta por qué le pasa lo que le está pasando, lo conveniente es contestar que no lo sabemos pero animarlo a pensar en la mejor manera de enfrentar la situación, lo cual significa darle batalla a la enfermedad y no claudicar. La ansiedad a veces nos conduce a querer explicar la razón de una enfermedad pero nadie tiene la verdad absoluta al respecto, por lo que es mejor en estos casos no decir anda.

 

  •  No deberíamos contagiar nuestra preocupación

Es fundamental evitar sumarle al enfermo nuestra propia preocupación y angustia. Quien tiene tal actitud está pensando más en sí mismo que en la persona que atraviesa la enfermedad. No está mal sentirnos mal por el dolor de un ser querido pero hay que guardar esas emociones y elaborarlas a solas, nunca “con” el enfermo. Cuando estamos con la persona, solo deberíamos transmitirle fuerza y esperanza.

 

 ¿Y qué ocurre cuando somos nosotros quienes nos enfermamos? Comparto algunas sugerencias de lo que deberíamos procurar hacer:

 

 

 

  • Cuidarnos (en la medida de nuestras posibilidades)

 

Es importante tener en mente que solo uno mismo es capaz de cuidarse. ¿Cómo? En primer lugar, alimentando pensamientos de esperanza. Aquí también podemos incluir la comida sana (y sabrosa), el aspecto físico, las distracciones que nos hacen bien a la mente y el cuerpo y todo aquello que nos genere bienestar.

 

 

 

  • Enfrentar la enfermedad sin tirar la toalla

 

Es importante, ante una enfermedad, darle batalla sin perder la fe en Dios (los que son creyentes), el tratamiento y uno mismo. Aunque cueste, hay que levantarse cada día con la decisión de seguir adelante hasta la victoria. La enfermedad es solo una parte de la vida, pero no es la vida en su totalidad.

 

 

 

  • Vernos sanos

 

Necesitamos visualizarnos sanos y fuertes y, si es posible, continuar haciendo lo que hacíamos antes de enfermarnos, ya sea trabajar, estudiar o practicar algún hobby. Tal actitud nos ayuda grandemente a realizar el tratamiento sin abandonarlo.

 

 

 

  • Participar en el tratamiento de manera activa

 

El diagnóstico que recibimos del médico es solo un diagnóstico, por lo que no deberíamos tomarlo como una condena de muerte. Se trata más bien del inicio de una batalla diaria que uno tiene que estar dispuesto a pelear y ganar. Resulta muy efectivo hablar en positivo y de manera correcta. ¿Qué significa esto? Por ejemplo, en lugar de decir “soy diabético”, hay que decir “tengo diabetes”. Declarar que uno “es” algo nos limita.

 

Ante una enfermedad, muchas veces nos asustamos y nos desesperamos. Es lógico porque somos humanos pero es cuando más deberíamos practicar el esperar lo mejor, construir hacia adelante y disfrutar del regalo de la vida.


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