Jueves 18.07.2019

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16/04/2019

Columnas y Opinión

POR BERNARDO STAMATEAS

La función de la incomodidad

¿Alguna vez te sentiste incómodo/a? No suele agradarnos esa sensación porque no somos conscientes de que, gracias a ella, tenemos la oportunidad de cambiar, crecer y avanzar. ¡Y no es sencillo cambiar! ¿Por qué nos cuesta implementar cambios en nuestra vida, aun cuando necesitemos hacerlo imperiosamente?

Fundamentalmente debido a rasgos como el orgullo, el cual es la base de todas las equivocaciones y de la imposibilidad de modificar lo que debe ser modificado. Quien dice: “A mí nadie me va a decir lo que yo tengo que hacer” sin duda está revelando esta característica que no le permite cambiar. La psicología llama a esta actitud “narcisismo”.

El orgullo es una de las peores actitudes interiores que podemos adoptar. Hay personas que, cuando están atravesando alguna situación negativa en sus vidas, se muestran buenas hacia los demás porque tienen ciertos rasgos negativos reprimidos. Pero cuando las cosas mejoran en sus vidas, todo eso se revela y quienes están cerca comienzan a ver un costado que desconocían.

Podría ocurrir que un joven está sin trabajo y se siente muy preocupado. Entonces un conocido le sugiere: “Vení a trabajar a mi negocio, yo te voy a enseñar todo lo que sé”. Las cosas marchan bien durante algún tiempo y el muchacho ahora tiene un ingreso y se siente seguro. Es en este momento que comienza a exhibir rasgos negativos (que estaban ocultos) como soberbia y narcisismo. De repente dice: “Yo trabajo duro, nadie me regala nada. Ya no necesito un jefe, soy capaz de vender por mi cuenta”.

Entonces detrás del orgullo surge un rasgo de psicopatía que lo conduce a armar su propio negocio, con su propia gente a cargo, a espaldas del conocido que lo ayudó a progresar. Es decir, que prepara una traición y le clava un puñal a la persona que le dio una mano cuando más lo necesitaba. Esta es la manera típica de funcionar del psicópata, que no tiene empatía por los demás y solo busca su propio beneficio, sin importar lo que el otro sienta.

Todos somos buenos… mientras estamos mal y precisamos ayuda. Pero, cuando nuestra situación mejora y nos sentimos bien, podemos mostrarle al mundo qué es lo que de verdad hay en nuestro interior. Y algunas personas nos llegan a sorprender mucho porque actúan de una forma que jamás pensamos que actuarían.

¿Por qué, en el caso que vimos, el dueño del negocio no vio la traición de su empleado? Porque también intervino su propio narcisismo (“Yo lo ayudé, yo soy generoso”). No siempre que ayudamos a alguien, en especial cuando lo hacemos por mucho tiempo, es porque tenemos el deseo de ayudar sino porque inconscientemente nos sentimos orgullosos de hacerlo y que la gente se entere.

Mi propio egoísmo (y cualquier otro rasgo negativo) no me permite reconocer el egoísmo de los demás. Por eso, prestémosle atención a la sensación de incomodidad y tengamos siempre la disposición para mirar hacia adentro y ver qué hay allí que necesitamos cambiar para crecer y ser cada día mejores versiones de nosotros mismos.



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